Aunque no pude leer por completo todos los capítulos del libro, buena parte de los contenidos me parecen interesantes. Algunas de las predicciones que hace Gubert han perdido importancia porque hemos avanzado y sabemos que así no se han dado las cosas, como el hecho de que el trabajo se iba a volver claustrofóbico gracias al desarrollo de las telecomunicaciones. Es cierto que en situaciones como la pasada contingencia, muchos trabajos podían ser realizados a través de Internet, pero no porque se pueda quiere decir que se vaya a convertir en una realidad, al menos hasta que no sea necesario.
Me resulta curioso que se enfoque en uno de sus capítulos a los objetos que han ayudado a la individualización, pues yo ya había considerado que aparatos como el iPod ayudan a practicar costumbres más solitarias, pues ahora cada usuario trae su propia música y ya no la comparte. Algo que me llamo la atención es que menciona que esta tendencia es evidentemente aprovechada por las compañías que tienen una mayor ganancia económica de vender muchos aparatos a usuarios individuales que beneficiarse de transmisiones masivas como es la radio, la sala de cine o el teatro. La tecnología una ves más al servicio del interés económico.
Menciona también que ahora el ejercicio se ha convertido en una actividad de placer, pues ahora pagamos por tener acceso a un espacio en el que podamos ejercitar los músculos que en la antigüedad se usaban con el trabajo cotidiano, pero las actividades urbanas tienen una naturaleza sedentaria. Asimismo me resulta curioso que como menciona el autor, actividades antes necesarias para la sobre vivencia del hombre como la caza se conviertan en actividades lúdicas y para clases sociales pudientes. Esto del ejercicio me hizo pensar en el desarrollo del Wii que pretende hacer que los jugadores tengan una mayor interacción física pero aún dentro del hogar, frente a un televisor.
En el sexto capitulo se enfoca en lo que pienso le da el titulo al libro, pues ahonda en el análisis de la pornografía. Una vez más resulta que la ganancia económica y la oportunidad de negocio son lo que potencializan el desarrollado de la oferta de productos. Resulta que la frase “el sexo vende” tiene mucho de verdad.
Me resulta curioso que se enfoque en uno de sus capítulos a los objetos que han ayudado a la individualización, pues yo ya había considerado que aparatos como el iPod ayudan a practicar costumbres más solitarias, pues ahora cada usuario trae su propia música y ya no la comparte. Algo que me llamo la atención es que menciona que esta tendencia es evidentemente aprovechada por las compañías que tienen una mayor ganancia económica de vender muchos aparatos a usuarios individuales que beneficiarse de transmisiones masivas como es la radio, la sala de cine o el teatro. La tecnología una ves más al servicio del interés económico.
Menciona también que ahora el ejercicio se ha convertido en una actividad de placer, pues ahora pagamos por tener acceso a un espacio en el que podamos ejercitar los músculos que en la antigüedad se usaban con el trabajo cotidiano, pero las actividades urbanas tienen una naturaleza sedentaria. Asimismo me resulta curioso que como menciona el autor, actividades antes necesarias para la sobre vivencia del hombre como la caza se conviertan en actividades lúdicas y para clases sociales pudientes. Esto del ejercicio me hizo pensar en el desarrollo del Wii que pretende hacer que los jugadores tengan una mayor interacción física pero aún dentro del hogar, frente a un televisor.
En el sexto capitulo se enfoca en lo que pienso le da el titulo al libro, pues ahonda en el análisis de la pornografía. Una vez más resulta que la ganancia económica y la oportunidad de negocio son lo que potencializan el desarrollado de la oferta de productos. Resulta que la frase “el sexo vende” tiene mucho de verdad.

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